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Los organismos
internacionales que regulan la industria de la aviación, la Organización de
Aviación Civil Internacional (OACI) y la Asociación Internacional de
Transporte Aéreo (IATA por sus siglas en inglés), han definido una estrategia
de 4 pilares para combatir el problema del cambio climático:
- Mejoras
tecnológicas: motores y estructura de las aeronaves
- Mejoras
operacionales: rutas de vuelo más eficientes y mejoras en la
infraestructura en tierra para reducir el tiempo de carreteo en las
pistas y calles de rodaje.
- Medidas
basadas en el mercado: esquemas de intercambio de emisiones de carbono o
impuestos directos a la actividad para generar recursos que se destinen
a medidas de mitigación y adecuación.
- Combustibles
alternativos: producción de biocombustibles de segunda generación que
ayuden a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la
atmósfera.
Por otro lado, se sabe que
en 2008 la industria de la aviación comercial generó 677 millones de
toneladas de bióxido de carbono (CO2), lo que representa alrededor
del 2% del total de estas emisiones producidas por el hombre. Preocupada por
reducir los efectos del cambio climático para los seres vivos, dicha
industria busca que el suministro de combustibles sea confiable y sustentable
para ser utilizados en sus actuales y futuras flotas, contando con la
seguridad de tener combustibles certificados y estandarizados a un precio
razonable.
Los biocombustibles de
aviación ofrecen una oportunidad para frenar el aumento de las emisiones de
carbono, teniendo como objetivo ser una
fuente limpia de energía a nivel mundial y así atender las necesidades
que año con año tienen millones de personas.
Aeropuertos y Servicios
Auxiliares (ASA), a través de este proyecto, está concentrando esfuerzos de
organizaciones civiles, instituciones gubernamentales, empresariales y de
investigación dirigida a la producción de biocombustibles, revisando aspectos
legales, disponibilidad de insumos, cadenas de producción, infraestructura de
refinación, formas de suministro y viabilidad económica. Por ejemplo,
estableció un convenio de colaboración con Boeing, uno de los fabricantes de aeronaves más importantes del
mundo, y con UOP-Honeywell,
compañía que ya comercializa un proceso para la producción de bioturbosina.
Los objetivos más cercanos
de este proyecto son cubrir con biocombustible al menos el uno por ciento de
la demanda nacional para el 2015, (40 millones de litros anuales) y el 15 por
ciento para 2020, (más de 700 millones de litros).
Los pasos a seguir son
claros: continuar con el catálogo y desarrollo de las fuentes propicias para
las diferentes condiciones geográficas del país, crear un esquema de
incentivos para el empuje de los procesos de extracción y refinación de los
aceites vegetales de los insumos de segunda generación para la producción de
biocombustible, promover una estrategia fiscal y legal para facilitar la
viabilidad económica de estos bioenergéticos.
El beneficio de los
biocombustibles para nuestro país podría ser enorme. No se trata de un
cultivo más, sino de una estrategia integral de producción. Se generarán
ingresos para muchas comunidades que tendrán cultivos rentables y, al mismo
tiempo, contribuirán a mejorar la calidad de vida de los habitantes del mundo
entero. Específicamente algunos de los impactos serán: freno de la emisión de
gases de efecto invernadero, promoción de la agricultura en tierras
marginales, generación de empleo digno y de una industria que aportará
riqueza al país.
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Dirección de
Combustibles
Última Actualización:
19/07/2011
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